La escritura en mi vida
Dicotomía, emancipación y mil historias más.
La escritura en mi vida cumple
una función dicotómica. Realmente no sé si se trata de dicotomía, más sí sé que
es utilizada con el fin de expresar desde la más vaga idea que quiero engendrar
en el conglomerado de mortales que suelo llamar “amigos” o la más íntima
reflexión, que contiene la pureza de mi ser y que a la vez debe ser guardada
para nunca tocarla de nuevo, o que me permita expresar eso tan mío que con mi
voz no logo decir, voz reprimida por un nudo en la garganta y plausibles
lagrimas que dotan de un brillo único mis ojos y sólo hallan alivio en un el
complemento de un lápiz y un papel que me dicen –escribe-.
Escribir, es entonces, aquello
que me ha permitido por muchos años, contar a gritos aquellos secretos que
nadie puede oír. Una especie de pasadizo que me permite hacer ese viaje o
transición hacía otro mundo u otra vida.
Mundos en los que puedo ser quien quiera ser, vidas en las que fui, soy o seré
una persona que le haría cambios a la cuenta regresiva de un reloj que se
encendió el día de su nacimiento y se apagará cuando el último soplo de viento
ya no haya cumplido su función, cosas que se atrevería a ser y disfrutar con
todas sus entrañas, y otras que corregiría para ser mejor.
En otras ocasiones, la
importancia de la escritura en aquellos momentos de inspiración es que me
permite recordar mi vida tal cual es o codificarla como una novela, darle
nombre a los personajes, dotarlos del carácter con que los visualizo a diario,
crear momentos. Hacer de mi vida una historia y que esa historia me permita
entender lo que es ‘’mi vida”.
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